Tuesday, July 24, 2007

LIGHT... AGAIN


¡Uf, por fin ha terminado el semestre Otoño! No creo haber podido resistir mucho más.

No recuerdo muchos semestres similares en la exigencia que caracterizó a los meses pasados. Y no fue solo exigencia intelectual, que tambien la hubo, sino que principalmente exigencia física y nerviosa para soportar la tremenda carga académica que sin querer asumí.

Cuando en los últimos días de examenes no soportaba muchos de los usuales diálogos que se establecen entre profesor y alumno, me pude percatar lo cansado que me hallaba. Muchas veces miraba fijamente a ese alumno y no puedo, por respeto a estas páginas, escribir lo que pasaba por mi cabeza en esos momentos. Básteme decir que agradezco infinitamente tener controlado mi cerebro de lagarto, por que si no...

Finalmente se hace la luz y puedo mirar a mi alrededor como quién despierta de un sueño en que han abundado las pesadillas y no sabe aún si está despierto o soñando o que. Aún en esa zona en que Campanita visita a Peter Pan, con frío (y esto es real, en Santiago se ha hecho frecuente tener -4 ºC al amandecer), con ese dolor que precede la jaqueca en la parte superior del globo ocular, reconozco la mano de Dios que ha hecho a un lado la oscuridad y escucho su voz que me dice: "Camina y sé".

Y obediente, sabiendo que tiene razón, que debo retomar mi vida y ser lo que debo ser, a pesar de los dolores, a pesar del mucho o poco dinero, a pesar de quienes me rodean, a pesar de todas las trampas que pueda generarme, a pesar de ello, debo ser quién siempre supe que sería: ese ser único, irrepetible, especial que llego a este planeta hace 48 años y que aún balbucea tratando de ser un hombre hombre, un hombre realizado.

Han sido días de signos, de movimientos sutiles a mi alrededor, de eventos que no deberían ser y aún asi fueron, de sonrisas esbozadas que no surgieron pero estuvieron, de experiencias místicas como el momento graficado en la foto que ilustra a Santiago iluminado despues del granizo y que sintetiza el concepto de luz que aún baila en mi como la chispa mencionada por Shimon Bar Iojai en el Zohar.

Conque ¡A trabajar... y sonreir!