Sunday, September 17, 2006

Carta a una mujer que afortunadamente, nació.

Oriana Fallaci,
29 junio 1930 - 15 septiembre 2006


«Ho sempre amato la vita. Chi ama la vita non riesce mai ad adeguarsi, subire, farsi comandare. Chi ama la vita è sempre con il fucile alla finestra per difendere la vita… Un essere umano che si adegua, che subisce, che si fa comandare, non è un essere umano» (da un’intervista del 1979, di Luciano Simonelli)


Oriana ha callado y nos ha dejado a nosotros para que continuemos su valerosa defensa del individuo frente a todos los poderes fácticos que pretenden reducirnos a la nada. Como ella dijo en su última entrevista efectuada por Flemming Rose, el 19 de abril del 2006: " La maravilla del individuo libre es que no puede ser controlado. Las personas como yo proclamamos la verdad cuando la encontramos; a veces está a favor de la izquierda, a veces de la derecha.Ambas empiezan a odiarnos una vez que se dan cuenta de que no pueden pegar sus etiquetas en nosotros".

Y eso se notó mucho en su vida. Fue amada por el Vietcong y la izquierda internacional por las críticas severas que hiciera a la conducción de la Guerra en Vietnam de parte de los estadounidenses (y odiada por estos, imagino, por ello), para ser más tarde odiada por quienes antes le amaban pues tras ser a visitar tras de la cortina de Hierro, criticó ácidamente el fascismo estalinista que observó allí (imagino que los estadounidenses la llegaron a comprender toda vez que ella terminó sus días en Nueva York).

Mujeres como ella, no hay muchas y menos aún, hombres. Y son necesarios, son aquellos que luchan toda la vida contra la oscuridad, son aquellos hombres libres que no son convencidos por el marketing político o ideológico, que tampoco son atemorizados por la violencia de aquellos que pueden destruir su vida y su carrera. Son seres de excepción, necesarios para nuestra especie tan proclive a la cobardía y a la inmoralidad diaria.

Hoy al enterarme de su muerte, sentí que el mundo había perdido a una persona excepcional, y que pasaría mucho tiempo antes de conocer a otra persona de su talla. Sin lugar a dudas, su ejemplo en el entorno que le rodeaba permitirá que su filosofía de vida no se pierda, pero que duda cabe que la extrañaremos.

Muchos medios de comunicación sicarios de otras tantas ideologías, verdaderos robots de poderes fácticos, hablaban hoy de la muerte de una escritora racista, xenofoba, odiada por todos... Nosotros que sabemos de su trayectoria y que conocemos a esos seres mínimos, sub humanos que hacen del comentario mal intencionado su norte, los despreciamos a la distancia. A aquellos que son adoradores del odio y del terror cobarde, que enmascara sus rostros, vuela mujeres, niños y hombres sin consideración, simplemente por ebriedad cruel, esperamos que que el tiempo arrase con sus vidas y olvidemos su existencia, tal si nunca hubiesen existido.

En estos periódicos, o en internet, se ve -al comienzo del artículo- una foto de Oriana seria, adusta, consumida por la enfermedad y la preocupación e indignación que le producían los horribles hechos mundiales, sobre todo los post 11-S. Es por ello que al comienzo de esta carta, inspirada en el deseo de conversar con ella a la distancia, rememorando aquel famoso libro suyo contra el Genocidio Mundial que es el aborto, intitulado Carta a un niño que no llegó a nacer, he colocado una foto de ella sonriente, plena de vida y de esperanzas, como seguramente fue en su intimidad, para agradecer a Dios el que ella, afortunadamente, pudo nacer y darnos testimonio de su coraje y valentía.

Estoy convencido que siendo valientes como ella, que siendo ciudadanos libres y valientes, podemos cambiar este mundo poblado de seres humanos que solo son sombras, dirigidas por titiriteros, que ignoran hasta lo más elemental de la decencia mínima. Entes que son capaces de odiar hasta la muerte a otros seres humanos pero que son capaces de perdonar todo a quienes creen estan de su lado. Personas sin consecuencia moral mínima, que son manejadas a voluntad por los poderes fácticos de este mundo, derechas e izquierdas, ya sea por una credulidad asesina o por temores creados por la violencia. Ellos -lo creo sinceramente- bien habrían hecho en no nacer. Pero aquí estan y por ellos, Oriana alzó su voz y a pesar de ellos, solo calló cuando su buen Dios la llamó a su lado.

Ella habló de la existencia -por ejemplo- de un solo islam, de un islam que no acepta a occidente, peor aún, que no entiende a occidente y que no le importa comprenderlo, con defectos congénitos como su inclinación a la violencia antes que la razón, compartiendo asi opiniones de otros grandes pensadores como Samuel Huntington y nos instó a estar atentos a su actuar.

Como profetisa se levanta en el horizonte ahora que iglesias han sido atacadas y destruídas en Gaza, una monja ha sido asesinada en Somalia y desordenes se suscitan en los 57 países musulmanes (57!) que han transmitido a sus masas de personas simples que el Papa Benedicto XVI ha ofendido a su religión, ha ofendido su sensibilidad por decir que en el Medioevo temprano (Cita) un emperador Bizantino hablando con un sabio musulmán le manifestaba la predilección de la religión de este último por la violencia para la conversión de la gente. Puede leerse el texto completo aqui.

Las masas han reaccionado violentamente a lo largo del mundo dejando una estela de víctimas por que se dijo que su religión... era violenta. Su actitud sólo confirma el diagnóstico.

Gracias Oriana por tu consecuencia, por dejarnos claro cual es el camino a seguir. Somos muchos los que te hemos leído atentamente y que no dejamos que las canciones de las sirenas contratadas por lo gobiernos o las transnacionales nos emboben, y que no tememos decir cuando algo es incorrecto, aunque nuestra vida pueda estar en peligro, como lamentablemente, sucede en la actualidad.

Un abrazo esperando que descanses feliz con tu padre, con tus seres queridos y desde el más allá nos desees el bien y la paz para este mundo que tanto lo necesita.