De Profundis
Otra noche más, negra como tantas noches a pesar de Olbert y su paradoja (¿Recuerdas? ese destacado filosofo que te contaba de Olber saliendo de tomar un tintolio con sus amigos y mientras cantaba en las estrechas callejuelas pobladas de adoquines, abrazado a sus amigos tanto o más ebrios que él, en un momento miró hacia el cielo oscuro y estrellado y experimentó con la violencia de la iluminación, lo obvio y por tantos siglos oculto a otros hombres: Era de noche ¡y estaba oscuro!... ¿me siguen? era de noche ¡y estaba oscuro!. ¡Cómo podía estar oscuro habiendo tal miriada de estrellas en el firmamento ! ¡Deberíamos estar bañados de su luz en todo momento!... que paradoja ... y sin embargo, estaba oscuro. Culpa de Doppler aprenderíamos despues. Luego de eso, nunca más volví a mirar la noche sin sorprenderme tal como mi recordado profesor mencionaba, le había ocurrido a Olber).
"Eppur si Muove" diria Galileo, "sin embargo se mueve" tras la terrible sanción de la Inquisición, "Eppur está oscuro" diríamos de la estrellada noche sobre nuestras cabezas. La figura poética supera la realidad científica, la noche oscura se refleja como ala de cuervo en el ánimo melancólico del poeta.
¿Y por qué tanta negrura en el alma? a pesar de la belleza de lo que nos rodea, a pesar de la razón que canta al creador, tal parece que la melancolía se apodera de nuestro espiritu para hacer madurar la conciencia de lo que se posee. Solo asi podemos mirar con la perspectiva adecuada nuestra vida pasada y la vida por venir. Un exultación jubilosa como la que se produce en primavera al sentir el aroma del mar en nuestra nariz nos hace entrar en trance y en gozosa relación con el creador, olvidando nuestro sentido ético que nos impele hacia el semejante desfavorecido y queriendo disfrutar asi, por siempre ese magnífico instante. O bien ese momento terrible del dolor personal, de la tragedia real que nos agobia y que nos aplasta aunque glorifiquemos a nuestro creador en la confianza que El nos da, no nos permite tener la perspectiva adecuada.
No, es solo cuando mirando a nuestro alrededor, con los ojos bien abiertos al dolor y a la alegría, experimentamos esta melancolía suave y creadora que nos situa en el punto medio entre la exultación y la depresión que realmente existimos. Hay otros momentos en los cuales no existimos simplemente como cuando trabajamos como animales o cuando vemos televisión solo por inercia y la chabacanería nos desborda pero no tenemos la voluntad de callarla pues no queremos estar a solas con nosotros. La realidad nos agobia, pero no debería y asi , asi dejamos pasar los segundos, las horas, los años y muchos, la vida.
Es esta melancolía dulce y tranquila que me permite reencontrarme con la inocencia de la juventud, y eso que tengo cuarente y siete años y que mi rostro refleja el tiempo pasado. Aún puedo reencontrarme en noches como esta, noches en las que mirando a ese fondo de estrellas veo lo que Olber no vió, raudales de luz cayendo sobre nuestra cara para poder hacer de nuestra vida la obra que Dios, acariciando nuestro cabeza al nacer, nos encargó.
Que vida esta de tantas preguntas, de tantas preguntas, de tantas... y no tenemos respuesta, solo una sensación cálida en el vientre que nos dice que este es el camino. Quizas no encontramos aún la respuesta pero todavía caminamos sobre el camino trazado bajo nuestros pies, sobre la nieve.
Es contradictorio darnos cuenta de que en una noche estrellada y luminosa, podamos sentir la negrura de la noche, mientras que en una noche oscura y sin luna, dentro de la cueva más oscura, podamos sentir nuestra alma ligera , y luminosa.
Es muy posible que esa haya sido la luminosidad de la cara de Moises al bajar del monte Sinaí.
Me reconforta darme cuenta de que a pesar de no saber nada, de nada, creo que algo mínimo sé (con mis sentimientos, no con mi razón), y es que no estoy perdido y que aún hay tiempo. Y doy gracias por ello.
Qraquen.
"Eppur si Muove" diria Galileo, "sin embargo se mueve" tras la terrible sanción de la Inquisición, "Eppur está oscuro" diríamos de la estrellada noche sobre nuestras cabezas. La figura poética supera la realidad científica, la noche oscura se refleja como ala de cuervo en el ánimo melancólico del poeta.
¿Y por qué tanta negrura en el alma? a pesar de la belleza de lo que nos rodea, a pesar de la razón que canta al creador, tal parece que la melancolía se apodera de nuestro espiritu para hacer madurar la conciencia de lo que se posee. Solo asi podemos mirar con la perspectiva adecuada nuestra vida pasada y la vida por venir. Un exultación jubilosa como la que se produce en primavera al sentir el aroma del mar en nuestra nariz nos hace entrar en trance y en gozosa relación con el creador, olvidando nuestro sentido ético que nos impele hacia el semejante desfavorecido y queriendo disfrutar asi, por siempre ese magnífico instante. O bien ese momento terrible del dolor personal, de la tragedia real que nos agobia y que nos aplasta aunque glorifiquemos a nuestro creador en la confianza que El nos da, no nos permite tener la perspectiva adecuada.
No, es solo cuando mirando a nuestro alrededor, con los ojos bien abiertos al dolor y a la alegría, experimentamos esta melancolía suave y creadora que nos situa en el punto medio entre la exultación y la depresión que realmente existimos. Hay otros momentos en los cuales no existimos simplemente como cuando trabajamos como animales o cuando vemos televisión solo por inercia y la chabacanería nos desborda pero no tenemos la voluntad de callarla pues no queremos estar a solas con nosotros. La realidad nos agobia, pero no debería y asi , asi dejamos pasar los segundos, las horas, los años y muchos, la vida.
Es esta melancolía dulce y tranquila que me permite reencontrarme con la inocencia de la juventud, y eso que tengo cuarente y siete años y que mi rostro refleja el tiempo pasado. Aún puedo reencontrarme en noches como esta, noches en las que mirando a ese fondo de estrellas veo lo que Olber no vió, raudales de luz cayendo sobre nuestra cara para poder hacer de nuestra vida la obra que Dios, acariciando nuestro cabeza al nacer, nos encargó.
Que vida esta de tantas preguntas, de tantas preguntas, de tantas... y no tenemos respuesta, solo una sensación cálida en el vientre que nos dice que este es el camino. Quizas no encontramos aún la respuesta pero todavía caminamos sobre el camino trazado bajo nuestros pies, sobre la nieve.
Es contradictorio darnos cuenta de que en una noche estrellada y luminosa, podamos sentir la negrura de la noche, mientras que en una noche oscura y sin luna, dentro de la cueva más oscura, podamos sentir nuestra alma ligera , y luminosa.
Es muy posible que esa haya sido la luminosidad de la cara de Moises al bajar del monte Sinaí.
Me reconforta darme cuenta de que a pesar de no saber nada, de nada, creo que algo mínimo sé (con mis sentimientos, no con mi razón), y es que no estoy perdido y que aún hay tiempo. Y doy gracias por ello.
Qraquen.


