Saturday, March 31, 2007

bye bye march

Y se nos va el mes de marzo de 2007, ¿quién lo diría? El Transantiago sigue torturando a los pobres santiaguinos, el calor disminuye pero no tanto como para pensar que llegó el invierno, aún no llueve (gracias a Dios), comienza Semana Santa la próxima semana, tambien comienza Pesaj -la Pascua Judía- que comenzaremos con el primer seder este lunes 2, yo ya he entrado en steady state en el trabajo, lo mismo que mis hijos y mi esposa.

¿Por qué he escrito tan poco?, buena pregunta, he pensado mucho pero he postergado el escribir pensando hacerlo más tarde, y bien. Pero ya pueden darse cuenta que ello no ha acontecido así. Tal parece que es mejor escribir y escribir, aunque no salga tan bien, es mejor que no escribir.

Es tarde, faltan minutos para las dos de la madrugada y bostezando escribo estas líneas. Santiago como inocente mariposa duerme sin ruido y sin violencia, pero no me engaña. La violencia está allí afuera esperando, paciente, casi tan paciente como la paradigmática, la más paciente, la separadora de hogares al decir de Sherezade: la muerte.

Hoy al mediodía y luego a eso de las cinco, caminaba por pleno barrio universitario, en las cercanías de calle República y escuchaba la algarabía de las calles. La exaltante presencia de los jovenes quedaba atenuada por los improperios, los garabatos, la voz destemplada y el aspecto ido de muchos de ellos. Floreciendo como callampas, como setas venenosas en las cercanías de las universidades, se hallan las botillerías y los bares y similares. En ellos muchos jovenes, demasiados creo yo, hunden su conciencia en alcohol y perdido el control se compadecen de ellos y odian el mundo. Que triste espectáculo para quien ama a todo ser humano y reconoce en el otro la huella divina; ¿qué pasó? ¿donde se perdieron estas almas en el vicio esclavizante? ¿por qué no disfrutan con su juventud, con lo que Dios les dió? Y no se trata de jovenes de situación desmedrada sino de jovenes de buen nivel y con el dinero suficiente para pagar su vicio. Que pena siento por ellos y cuanto comprometen a este pequeño país con su frenesí suicida; ellos son los llamados a reemplazarnos.

¡Qué distinto de la actitud de aquellos jovenes que se respetan, de aquellos jovenes que se saben parte de un glorioso futuro! Los veo en la sala de clases, tienen ganas, tienen deseos de vivir, no están contaminados, aún creen en surgir y surgirán. ¿Cómo transmitir a estos otros jovenes que hipotecan su futuro este sentimiento? Creen que siempre serán jovenes y no se dan cuenta que pasado su momento no serán más que adultos y más tarde viejos que la sociedad hará a un lado como las olas la espuma del mar.

No les hemos enseñado a respetarse, a ser dignos, a ser consecuentes y esforzados; muchos de ellos parecen criaturas abandonadas que no son capaces de comportarse como adultos, y a los 20 años ya son adultos. La sociedad, los medios de comunicación los infantilizan y los dejan inermes a su futuro... y luego los olvidan.

Qué sentimiento más hermoso cuando veo a un muchacho y a una muchacha realizados, caminando de la mano, soñando un futuro juntos, y no son tan poco frecuentes estos casos, pero los otros duelen más.

Se va marzo, para muchos se va la vida y no sienten agrado en existir, esta noche, cansado y con sueño, rezo por ellos.