Heroes needed...
En esta hermosa secuencia de cine, de la película HEROE, el maestro de artes marciales sonríe y deja caer su katana mientras su enemigo (la mujer que él ama) le ataca en la lógica del combate. Sonrie por que ha descubierto el sentido de su vida de la misma manera que aquel hombre encerrado con un jaguar, en el cuento de Borges, descubre el nombre de Dios en las manchas de la piel del felino en el mismo momento en que este lo ataca.¿Por qué comenzar de esta manera? Porque tras leer editoriales, comentarios varios, periódicos con noticias terribles sobre el mundo, sobre Hamas, sobre el aeropuerto de Cerrillos que se cierra, sobre lo dicho por Chirac respecto de los cartoons de Mahoma, por lo no dicho por la Sra. Juanita, por los problemas para activar Windows XP en el computador, por no saber como ocupar provechosamente mis vacaciones de verano, por los intereses de mis tarjetas de crédito, por la tesis de grado ad portas que nunca termina; he sonreído y dejado caer la espada (katana) que me defendía y me he rendido a lo inevitable, obteniendo la victoria en el momento de mi muerte virtual. Sólo soy un ser humano, y lo que más me importa es ser, amar y ser amado. El resto sólo son accidentes circunstanciales, ilusión que nubla mis sentidos.
Recuerdo con motivo de esto, aquella oportunidad en que me levanté con el pie izquierdo y todo salía mal. Por increible que parezca, desde el mismo momento en que me levanté las cosas comenzaron a salir mal, el viaje al trabajo fue ingrato, en mi trabajo problemas, me llamaron mis acreedores, discutí con colegas, nada salía bien. Y ese conocido dolor de cabeza se me subía lentamente a mis sienes y ojos, ciñendo en un lazo de dolor mi mente. Ya ni siquiera recuerdo como partí a mi casa pensando "debo acostarme y dormir, mañana será mejor". Tomé una micro por Pedro de Valdivia, la que me dejó en el estadio nacional, en Avenida Pedro de Valdivia con Grecia. Allí sólo necesitaba tomar otra micro (bus) por Avenida Grecia para llegar a mi casa tras recorrer los 400 metros que me faltaban. Cansado tomé el bus que con alivio observé que venía con espacio en la pisadera, subí y pagué mi pasaje, mirando al infinito por la ventana. El bus -que venia por Grecia- llegó a la esquina de Pedro de Valdivia y... -¡dobló a la derecha! yendo en la misma dirección que traía la micro de la cual me había bajado anteriormente.
Sentí primero un asombro que superó el estupor que traía por el dolor de cabeza, luego sentí ganas de llorar y luego, muy curioso, sentí ganas de reír. No podía ser peor el día pero saliendo de mí me observé sobre la pisadera y me reí mentalmente a la vez que sonreia. Pensé "bueno, debe ser por algo" y sin bajarme de la micro continué unos metros, me bajé y me fuí caminando a la casa. Ese reirme de la situación lo cambió todo, se me quitó el cansancio y mientras caminaba por las calles observaba lo hermoso de la vida que me rodeaba, los niños jugando, mi vitalidad, la gente, los árboles, los perros, en fin, me sentí un hombre nuevamente y di gracias a Dios.
Hoy me sentí muy parecido, no pude seguir pensando en todos los problemas del mundo, no puedo resolverlos, no puedo indignarme por todos aquellos que proceden mal, que no tienen honor, no puedo estar en todas partes. Aceptarlo me alivió y me permitió ver aquellas cosas que sí puedo hacer como hablar mi verdad, decir lo que no comparto, alejarme de los superficiales y cínicos, acercarme a los bien intencionados, mirar a mi alrededor y sonreir.
Creo que a todos nos vendría bien botar la espada que nos defiende y con la cual defendemos mil causas oscuras y mezquinas, y luego acercarnos a quien nos necesita, y abrazarlo. Creo que se necesitan muchos heroes de este tipo para hacer de nuestro mundo un sitio mejor para todos.

