Tuesday, December 20, 2005

Quetzalcoatl

Hoy encontré entre mis apuntes dormidos algunos de mis poemas perdidos, ¡cuántos poemas he perdido....!. Aqui los tengo ante mi vista; son poemas de hombre, mis poemas de joven y adolescente desaparecieron en la la senda a esta casa. En atención a algunos de mis amigos que visitan esta pagina, que no tiene mayores ínfulas que la de ser el depositario de mis pensamientos, y que han querido leerlas, iré escribiendo -poco a poco- aquellos escritos a los que tengo más cariño.


Quetzalcoatl, ese sonido vibrante que aún hoy remece el aire que me rodea, es un poema que escribí el 28 de septiembre de 1994. Salió impoluto de mi mente sin siquiera mancharse de mi tristeza y aqui lo presentó a todos Uds:

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QUETZALCOATL.

La palabra bajó lentamente del cielo,
se desperezó al contacto del rocío del prado
y miró a su alrededor.

Yo dormitaba inocentemente cuando fuí tocado,
Quetzalcoatl, que sabor tan especial,
qué de colores en su sonido.

Sabor a sol y a viento,
a libertad,
sabor a tierra y sangre.

Color de cerezas y mangos en flor,
color deslumbrante y joven,
color de mi américa.

Quetzalcoatl: ave emplumada,
serpiente emplumada y pluma de reptil,
archeophenix de mi america central.

Se deslizó en mi boca
cayendo en mi garganta
y allí suspiró en un glíglico estertor.

Todos mis apetitos murieron,
Quetzalcoatl, ¡qué sonido!
mi maná indígeno.

Chasqueando la lengua sonreí,
y allí, en mi rostro,
como un sol resplandeció:

Quetzalcoatl.

Qraquen

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