Monday, November 07, 2005

Caragüe's Man. The conversation.

Tras subirme al taxi (Ver "The Caragüe's Man. The encounter"), cerré la puerta pesadamente y me dejé caer sobre el asiento del vehículo. El conductor, un hombre mayor y de semblante noble y agradable me sonrió entendiendo mi cansancio. - ¡Qué calor que hace!- le dije en forma creativa hablando de un tema común: el clima... Y como tenía ganas de conversar sobre los sucesos del día, comencé a mencionar los candidatos presidenciales a fin de sostener una conversación sabrosa. Actualmente en mi país la gente ya ha tomado partido por uno u otro candidato pero aún no aprende a discutir en forma adulta sobre los motivos de su elección. El conductor me miró por el espejo retrovisor, y aunque yo me esmeraba en saber cual era su posición, él no respondía y solo miraba. Luego me dijo: -señor, yo de política no hablo pues siempre terminamos enojados y no deseo que eso suceda- y sonriendo me contó de casos en que esa norma se vió transgredida en el auto y como la gente se enojaba. Yo lo entendí completamente pues los chilenos aún no tenemos la costumbre sana de las democracias de respetar la opción del vecino, solo es válida nuestra opción y apabullamos al contrario. Comentamos sobre esto y aquello y pronto entramos en confianza recordando otros tiempos, otros políticos, en fin, derivamos de esa conversación a temas más importantes. Y entonces me comentó que había llevado a muchos políticos conocidos en el auto de alquiler. Algunos humildes, otros más soberbios y entonces me habló de su proyecto. Este hombre mayor, de unos 70 años me contó que su oficio era soldador y que por necesidad trabajaba el taxi. Y me dijo -yo soy de un pueblo pequeño, del sur, un pueblo señor que Ud. probablemente no conoce siquiera- y giró su troso para mirarme, -dígame el nombre le dije, como sabe- y entonces mencionó esa palabra que recordaba de pequeño, -soy de Caragüe, señor- de un pueblito pequeño. -¿de Caragüe? le dije- -¡yo conozco Caragüe!- -una tia mía, hermana de mi madre fue jueza de Caragüe hace unos cuantos años atras-. Al sur, cerca de Concepción, un pueblito pequeño, con gente humilde y franca, como son los chilenos, más bien, como eran los chilenos. Conversamos de Caragüe, de la diferencia de vivir en el campo comparado con la ciudad, de tantas cosas que me recordaron mi infancia, y claramente tambien su infancia. Él se vino a Santiago, a buscar fortuna, conoció a su esposa, tuvo hijos, tuvo nietos y es apreciado por sus seres queridos y ahora, a los 70 años, quiere volver a Caragüe. Su gran proyecto es volver a Caragüe, ¿y para qué? pues, y esto es lo sorprendente, a formar una pequeña escuela para enseñar soldadura industrial a esos jovenes que estan en su pueblo, pisando polvo en los días de verano, dando vueltas y vueltas en la plaza de su pueblo. Quiere devolver a esos jovenes lo que ha logrado para que ellos tambien superen las condiciones que les tocó vivir. Al escuchar esto, lo miré con otros ojos, vi a un hombre mayor conduciendo su taxi y con los ojos iluminados por darles a sus muchachos un oficio con el cual hacerse hombres responsables; y me sentí admirado de la fuerza de ese hombre, de su valía como ser humano. Sin tener dinero para dejar de trabajar en el taxi, tiene el corazón generoso para pensar en los demas. Me contó de como llevaría a cabo su proyecto, de los políticos con quienes había hablado (en su taxi), de la nana de uno de los candidatos presidenciales que le había pedido que plasmara su idea en un proyecto, y todo dicho con la certeza de que se haría realidad.
Me bajé del auto pensando en la falta que nos hacia en este país esa calidad de ser humano, multiplicado por cientos de iles en nuestro largo país, hombres y mujeres que no tienen postgrados, que no tienen dinero, pero que tienen lo que a muchos de nosotros se nos ha olvidado, tienen humanidad. Por eso he escrito esto como homenaje a este hombre de mi tierra, HOMBRE con mayúscula del que me siento honrado de haberlo conocido. ¿Tendrá éxito su proyecto? ¿importa acaso? El hombre sueña y es capaz de proyectar su sueño cuando probablemente le queden pocos años por caminar, tiene esa luz interior que hemos olvidado, que hemos dejado apagar.
Un minuto de silente homenaje al Hombre de Caragüe que encarna todo lo bueno de nuestra especie, mientras la metralla rompe y desgarra los cuerpos de tantos inocentes en el mundo.
Que Dios le bendiga.

1 Comments:

Blogger JR said...

Interesante historia, que muestra los valores de personas sencillas y humildes, pero que dejan grandes e importantes enseñanzas.
Nos ha parecido una excelente idea que tengas un blog, donde expreses tus sentimientos, emociones e intereses poéticos y puedas desarrollar tu capacidad de escribir.
Maite y Rolando

6:01 PM  

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